Un informe de la Comisión Europea publicado este martes señala que la Unión Europea está alcanzando su techo demográfico y entrará en un periodo de declive poblacional que se mantendrá durante el resto del siglo.
El Centro Común de Investigación (CCR), organismo de la Comisión, estima que hoy el bloque tiene 450,6 millones de habitantes y que alcanzará su máximo en 2029 con 453,3 millones, tras lo cual iniciará una disminución sostenida.
Según las proyecciones, la población descenderá a 445 millones en 2050 y a 398,8 millones a finales de siglo, niveles comparables a los de la segunda mitad de la década de 1970.
Esa reducción —equivalente a una pérdida del 11,7% respecto al máximo previsto— ocurrirá junto a un aumento de la esperanza de vida. En 2024 la esperanza de vida promedio fue de 81,5 años (84,1 entre mujeres y 78,9 entre hombres) y el informe prevé que para 2100 supere los 90 años en mujeres y los 86 en hombres. Un niño nacido en la UE en 2023 puede esperar, en promedio, 75,3 años sin enfermedades graves.
Ese aumento de la longevidad cambia la estructura por edades del bloque: actualmente una de cada cinco personas tiene 65 años o más; en 2050 esa proporción será una de cada tres. En términos absolutos, las personas que necesitarán cuidados pasarán de 36 millones este año a 48 millones en 2070, lo que equivaldrá al 11% de la población total.
El incremento de la dependencia recaerá sobre una fuerza de trabajo que se contrae. El grupo de 15 a 64 años disminuirá a un ritmo de unos 1,2 millones de personas por año entre 2025 y 2050, mientras que cerca del 20% de la población en edad de trabajar permanece fuera del mercado laboral, entre ellos ocho millones de jóvenes que no estudian, no trabajan ni reciben formación.
La brecha de empleo entre mujeres y hombres se mantiene en torno a diez puntos porcentuales. Aun así, la participación de trabajadores de mayor edad ha aumentado: en la última década el porcentaje de empleados entre 55 y 64 años subió 13,5 puntos entre las mujeres y 12,2 puntos entre los hombres.

Frente a este panorama, la Comisión Europea reconoce que la inmigración “desempeña un papel cada vez más importante” para compensar parte de la caída de la población activa, aunque advierte que por sí sola no revertirá la tendencia. Entre las medidas señaladas figuran la atracción de migración cualificada, programas de formación y recualificación para quienes ya residen en el bloque, mejoras en productividad y la reducción del desempleo.
El envejecimiento también abre oportunidades en la llamada “silver economy”, que agrupa productos y servicios dirigidos a personas mayores; se espera un aumento de la demanda de innovaciones en salud y tecnología en las próximas décadas.
(Con información de AFP y DPA)
