Los márgenes de la Asamblea General de la ONU siempre ofrecen una oportunidad excepcional para reuniones bilaterales, negociaciones delicadas e incluso encuentros discretos, a pesar de las decenas de miles de ojos atentos a todo lo que se mueve. Donald Trump, en su sexto año ya de presidencia de la primera potencia del planeta, lo sabe muy bien, y está aprovechando todos los resortes para pisar el acelerador. Si en los parlamentos hay decretos ómnibus, en Nueva York estos días hay algo parecido a diplomacia ómnibus: Ucrania, Palestina, Irán, Cuba, Venezuela e incluso Groenlandia.
Poco después de su largo discurso ante los líderes del planeta, en el que se calificó como hombre de paz mientras amenaza con “aniquilaciones” a sus enemigos y afirmaba que “el botín es para los vencedores”, el líder estadounidense firmó junto a la primera ministra danesa Mette Frederiksen y el primer ministro groenlandés Jens-Frederik Nielsen, un documento que debería servir para acabar con meses de tensiones, amenazas y fisuras en el seno de la OTAN. Un acuerdo que el norteamericano calificó de “extraordinario para Europa y para Estados Unidos, para todos y para Groenlandia”.
El texto, de 10 páginas, es según la danesa un paso “más amplio y mejor” que el tratado de 1951 que define la soberanía de Groenlandia. Para los locales, ratifica la voluntad “del pueblo de Groenlandia, nuestros derechos, nuestro sustento y el desarrollo de nuestro país”. Y para Trump un pequeño triunfo. Muchos analistas, y los socios europeos, creen que para llegar a este punto no era necesario poner en jaque a Europa y hacer saltar tantas costuras. Y tampoco parece que vaya a tener ningún efecto político de cara a las legislativas en EEUU de noviembre.
En términos prácticos, EEUU logra más control sobre Groenlandia, el territorio y todo lo que afecta a su defensa. Hay permiso para la instalación potencial del polémico sistema de defensa Cúpula Dorada, lo que más parece indicar que todo el territorio ártico quedará bajo el paraguas del sistema antimisiles al que aspira la Administración Trump. E incluye las zonas de Narsarsuaq, en el sur, y Mestersvig, en el este, como dos nuevas zonas de defensa para uso militar estadounidense.
Igualmente, no sólo prohíbe que ninguna otra potencia, como Rusia o China, tenga bases militares, algo que ya de por sí era impensable antes. Sino que dice que todos los inversores ajenos a la OTAN y la Unión Europea “tienen prohibido invertir en el país” a menos que cuenten con la aprobación expresa de las tres partes. Lo que da derecho de veto a Washington por tiempo indefinido, ya que los términos sólo se pueden modificar por el mismo procedimiento.
“Es fantástico ver el acuerdo firmado hoy por Estados Unidos, Dinamarca y Groenlandia. Sabemos las amenazas a las que nos enfrentamos, y una mayor seguridad en el Ártico y el Atlántico Norte es esencial para Europa y Norteamérica por igual. Este acuerdo, junto con el creciente papel de la OTAN en la protección de esta región vital, fortalece nuestra seguridad colectiva y apoya un futuro más seguro y estable para todos nosotros”, ha celebrado el secretario general de la Alianza Atlántica, Mark Rutte.
En Nueva York también ha habido mucha más diplomacia. Trump se ha visto con Volodimir Zelenski y ha repetido, como hace desde hace 18 meses, que ve cerca una oportunidad de paz entre Moscú y Kiev, sugiriendo que quizás se puedan ver los dos la cara, bajo mediación suya, en Miami, a final de año, durante un G-20. Los países europeos se indignaron este verano cuando EEUU invitó al ministro de finanzas ruso, así que una posible presencia de Putin les resulta inasumible ahora mismo. Pero todos conocen la forma de hacer política de Trump, la fe ciega que tiene en sí mismo y las ganas que tiene de sumar Ucrania a las “ocho guerras” que dice haber resuelto desde 2025.
“Creo que van a llegar a un acuerdo, y no quiero revelar de qué se trata. Hablamos mucho de ello, incluso con el presidente Putin, y creo que algo va a suceder. Sin duda, son muy buenos combatientes. De verdad, pueden estar orgullosos de sí mismos. En cualquier caso, veremos qué pasa. Pero son personas muy, muy capaces”, dijo el presidente tras pedir al ucraniano que pare los ataques al diésel ruso, porque los efectos que están teniendo en el precio del combustible en el resto del planeta. “Ya nos reunimos Putin y yo en Alaska. Creo que tendrá otra reunión. No sé qué pasará en Miami. Pronto habrá un evento importante allí, pero no, se reunirá. Está dispuesto a trabajar duro. Le gustaría que la guerra terminara”, concluyó.
Los enviados de Trump, su yerno Jared Kushner y su amigo Steve Witkoff, se vieron también, en una cita de más de tres horas, con la delegación iraní, una negociación con tintes surrealistas. Apenas minutos antes, el norteamericano había hablado ante el pleno de la Asamblea de la posibilidad de “aniquilar Irán”. Y algunos de los que se sentaron en la habitación se habían levantado y abandonado la sala al escuchar sus palabras.
Pese a ello, Trump dijo que todo había ido muy bien y que cree que sin duda habrá un acuerdo definitivo con ellos, pero después de las legislativas que tanto le preocupan. “Terminó hace una hora. Fue una reunión que duró tres horas, muy buena reunión. No entiendo por qué no querrían. Es una cuestión de grandeza, de potencial grandeza o de aniquilación”, concluyó. El ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, que pidió a Washington una escolta especial por amenazas, acudió con reservas y por la mediación de Pakistán y Qatar, pero su equipo no mostró mucho entusiasmo sobre avances concretos.
Horas antes, el secretario de Estado Marco Rubio había dejado abierta la puerta a que Trump se reuniera con el presidente iraní Masoud Pezeshkian. “El presidente está dispuesto a reunirse con él o con cualquier otra persona. Ahora bien, es difícil predecir si de esa reunión surgirá algo productivo, porque quien toma las decisiones finales en Irán es el líder supremo”, declaró Rubio en una entrevista con Fox News a primera hora.
Mientras Trump anuncia que está dispuesto a una posible conversación con su homólogo iraní, la televisión estatal de Irán ha informado de las condiciones de Teherán para reabrir el Estrecho de Ormuz según se indicó en la sala: levantamiento inmediato del bloqueo naval, liberación de todos los activos iraníes congelados y el “fin de la guerra en todos los frentes de la ‘Resistencia’”.
La cuarta gran cita de la jornada es también una impensable hace muy poco. Delcy Rodríguez, la presidenta interina venezolana, sancionada hasta hace muy poco, llegó a Nueva York con un estatus diferente. Si por la mañana la imagen más comentada fue su buscada foto con el español Pedro Sánchez, las expectativas eran mucho mayores para su cara a cara con el propio Trump. Se ha buscado un marco más relajado, un pull aside en la jerga local, un aparte en la recepción de gala del norteamericano en un hotel. Una señal clara al mundo, un respaldo crítico para Rodríguez, y un mazazo para la oposición, cada vez más resignada a su pesar.
