Varios derrames cerebrales han terminado con la vida del que fuera general serbobosnio Ratko Mladic, que cumplía cadena perpetua por genocidio en la sangrienta guerra de Bosnia (1992-1995), según ha informado la cadena RTS de Serbia. Estaba preso en el centro de detención de la ONU en La Haya, ubicada dentro del complejo de la prisión neerlandesa de alta seguridad de Scheveningen.
Mladic, que tenía 84 años, fue apodado como el Carnicero de los Balcanes por su papel en la masacre de Srebrenica de 1995. El 11 de julio de ese año -aunque la matanza se prolongó durante varios días-, las fuerzas serbobosnias, comandadas por este general y por el líder serbobosnio Radovan Karadzic, asesinaron a tiros a 8.000 hombres y adolescentes musulmanes del enclave que acababan de conquistar y que estaba bajo amparo de la ONU. La localidad albergaba a más de 40.000 personas, muchas de ellas desplazadas por la guerra de Bosnia. Karadzic, de 81 años, también cumple cadena perpetua por genocidio y crímenes de guerra.
El Carnicero de los Balcanes fue arrestado y extraditado a la justicia internacional en mayo de 2011, cuando fue arrestado en la localidad de Lazarevo (al norte de Serbia), donde vivía bajo la identidad falsa de Milorad Komadi. El Gobierno de Belgrado autorizó la extradición tras desestimarse los recursos de su defensa debido a su salud.
El Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia de La Haya (TPIY) le declaró culpable el 22 de noviembre de 2017 por genocidio, crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra y lo sentenció a cadena perpetua, fallo que Mladic apeló y cuya sentencia firme se dictó el 8 de junio de 2021. Karadzic había recibido la misma sentencia unos meses antes, el 24 de marzo de 2016, y había sido condenado a 40 años de cárcel, una pena que fue elevada a cadena perpetua en marzo de 2019 tras su apelación.
“Los muertos no regresan”
“Los muertos no regresan, las fosas comunes permanecen y cada veredicto dictado en La Haya sigue en pie. Nada de eso cambia porque Ratko Mladic haya muerto. Su muerte no resuelve nada ni absuelve nada. No puede borrar lo que el tribunal determinó sobre él, ni convertirá a un criminal de guerra convicto en una figura de la historia”, señala el bosnio Adnan Cerimagic, analista sénior del think thank European Stability Initiative en Berlín.
El general serbobosnio Ratko Mladic se dirige a los soldados cerca de la localidad bosnia de Cazin, el 4 de septiembre de 1994.Ap
“Lo que sí hace su muerte es dejar a los vivos con una tarea inconclusa. Para Bosnia y Herzegovina, y sobre todo para quienes nacieron después de que cesaran las matanzas, la labor sigue siendo la misma: mantenerse firmes en la verdad, en la rendición de cuentas y en la memoria”, añade Cerimagic. “Serbia comparte esa responsabilidad. Respaldó a Mladic mientras se cometían los crímenes, lo mantuvo fuera del alcance de la justicia durante años y lo apoyó a lo largo de su encarcelamiento. En la muerte, al igual que en vida, su Gobierno, sus medios de comunicación y gran parte de su opinión pública muy probablemente recurrirán a la vieja ficción e intentarán hacer pasar a un criminal por un héroe“, señala este investigador.
Por su parte, Miguel Roán, director del proyecto Balcanismos y autor del libro Belgrado Brut, explica que “su figura será recordada por su responsabilidad en los crímenes perpetrados contra la población bosníaca, el asedio a Sarajevo y el genocidio de Srebrenica”. “Resulta paradójico“, añade Roán, “que el nacionalismo serbio reivindique su figura cuando su papel agravó las masacres en territorio bosnio y manchó la reputación de la bandera que decía defender“.
El responsable de Srebrenica Memorial Center, Emir Suljagi (Ljubovija, 1975), superviviente de aquella masacre y que trabajó como traductor de los cascos azules de la ONU, relata en su cuenta de X cómo miró a los ojos a Mladic en Potocari, a seis kilómetros de Srebrenica, antes de la matanza: “Miré a un hombre que ya había decidido qué les pasaría a las personas a mi alrededor, incluyendo a la abrumadora mayoría de la gente que conocía”.
“Murió en prisión. Las personas que él envió a la muerte no tuvieron la oportunidad de envejecer. Esa es la única realidad sobre su muerte que me importa. Ahora queda la parte más difícil del trabajo: no permitir que junto con él mueran la verdad, la responsabilidad y el recuerdo“, concluye. Entre los cometidos del Memorial está la preservación histórica, la documentación, los archivos orales y la defensa jurídica y memoria de las víctimas frente al negacionismo.

