Un año de ‘takaichimanía’ en Japón: entre el mito de ‘Japan is Back’ y la factura de la compra

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En una pequeña tienda de recuerdos pegada al Parlamento japonés, Sanae Takaichi (65 años) se ha convertido en un souvenir. Su caricatura aparece por todas partes: en archivadores de plástico, abanicos, pegatinas, mecheros de colores y cajas de dulces apiladas en estanterías estrechas, bajo la luz blanca y algo fría de un local que parece a medio camino entre un quiosco parlamentario y una tienda de feria.

Hay bollos rellenos con su rostro estampado sobre la masa, galletas con su figura sonriente, chocolatinas envueltas en cajas rosas donde la primera ministra aparece inclinada sobre un atril, como si siguiera pronunciando un discurso incluso dentro del envoltorio.

Carpetas con la caricatura de la líder japonesa.

Carpetas con la caricatura de la líder japonesa.Lucas de la Cal

A un lado, los turistas curiosean; al otro, unos jubilados observan el escaparate como si miraran una colección de rarezas de la política japonesa. “Es una líder muy activa. Me gusta”, destaca uno de ellos mientras señala unas carpetas transparentes decoradas con una gran esfera roja que recuerda al sol de la bandera nipona y una consigna escrita en letras mayúsculas: “Japan is Back”. Debajo, Takaichi asoma dibujada como una líder diminuta, con una mano alzada y gesto de estar devolviendo al país algo que, según su relato y el de sus fieles, había perdido.

El mensaje no es una simple frase publicitaria. Resume toda una promesa política: el regreso de un Japón orgulloso, más firme, menos acomplejado, decidido a sacudirse décadas de estancamiento, cautela diplomática y resignación económica. En esas carpetas de papelería parlamentaria cabe, en miniatura, el eslogan de una nueva era conservadora.

El culto a la primera mujer que ha llegado al poder en Japón se despliega aquí en una versión doméstica. Takaichi posa también vestida con traje regional en recuerdos de Nara, su tierra natal; aparece junto a ciervos, pagodas y paisajes locales; y comparte espacio con mecheros personalizados y abanicos donde asoma junto a otros rostros de la política nacional. Todo forma parte de la takaichimanía, un fenómeno que, durante meses, mezcló fervor partidista, marketing y curiosidad popular.

La pregunta, un año después, es si ese “Japan is Back” que hoy se vende en forma de carpeta, dulce y baratija es algo más que un eslogan brillante en el escaparate. Porque fuera de la tienda, más allá de la caricatura y del envoltorio, empieza el examen de la realidad.

Mecheros en la tienda de souvenirs de Takaichi.

Mecheros en la tienda de souvenirs de Takaichi.LC

Takaichi llegó al poder en octubre de 2025. Admiradora de Margaret Thatcher y antigua batería de un grupo de rock, heredó un Partido Liberal Democrático (PLD) desgastado por los escándalos y prometió un Japón “fuerte y próspero”. Su mayor triunfo electoral llegó en febrero de 2026, cuando el PLD alcanzó los 316 de los 465 diputados de la Cámara Baja.

Basta pasear por las avenidas del barrio de Nagatacho, entre ministerios, oficinas acristaladas y funcionarios de traje oscuro, para encontrar el contraste entre el entusiasmo y la factura del supermercado. Yudai, un autónomo de unos 40 años, se queja de que todo está cada vez más caro. Akaho, recepcionista de hotel, critica que Takaichi, a pesar de ser la primera líder mujer de Japón, es menos feminista que muchos hombres. “A mí me gusta mucho, está trabajando muy duro. Va por el buen camino”, responde por su parte Koba, un estudiante de Okinawa. “Ella es una líder muy activa”, contesta su compañero Masahito.

Las encuestas muestran un fervor que resiste, aunque ya no es unánime. El Yomiuri Shimbun, el periódico de mayor tirada en el país, cifra la aprobación del Gobierno en el 57%. Entre las mujeres, según la agencia Jiji, el respaldo ha caído del 65,9% al 42,9%. La profesora Shin Ki-young, especialista en estudios de género de la Universidad de Ochanomizu, considera que el entusiasmo que despertó la llegada de la primera mujer al poder se ha transformado en desencanto.

“Muchas japonesas, especialmente las jóvenes, interpretaron su nombramiento como una oportunidad para romper con décadas de dominio masculino en la política. Se esperaba que impulsara políticas para las mujeres, pero no ha habido avances destacables”, lamenta la académica.

Shin critica que Takaichi siga rechazando la posibilidad de que los matrimonios conserven apellidos diferentes, una antigua reivindicación feminista, y que haya apostado por ampliar el uso del apellido de soltera sin reformar el sistema matrimonial. También recuerda que la primera ministra prometió un Gobierno con una representación femenina comparable a la de los países nórdicos, pero únicamente nombró a dos ministras.

Recientemente, Takaichi explicó en el Parlamento que cocinar, fregar, bañarse y maquillarse le ocupan “tres o cuatro horas” más que a sus predecesores varones. La declaración desató una controversia sobre los roles de género en un país donde las mujeres siguen cargando con la mayor parte de las tareas domésticas. Sus elogios a las jornadas interminables y a dormir apenas unas horas tampoco ayudan a romper los viejos moldes laborales.

Turistas japoneses compran souvenirs de Takaichi en una tienda de Tokio.

Turistas japoneses compran souvenirs de Takaichi en una tienda de Tokio.LC

Su diplomacia también tiene un estilo singular. En marzo, durante su visita a Washington, Takaichi aseguró a Donald Trump: “Creo firmemente que sólo tú, Donald, puedes lograr la paz en el mundo”. La adulación alimentó las críticas por el seguidismo de Estados Unidos. Ahora, mientras Trump estrecha su trato con el presidente chino Xi Jinping, Japón teme quedar relegado en los cálculos de su principal aliado.

La herida con China sigue abierta. Al poco de arrancar su mandato, Takaichi sugirió que una ofensiva contra Taiwán podría provocar una respuesta militar japonesa. Aquella manifestación provocó que las relaciones se hundieran entre amenazas y presiones comerciales. La líder nipona no ha logrado recomponer el diálogo con su poderoso vecino.

En Pekín, además, acusan con frecuencia al Gobierno de Takaichi de alimentar un peligroso giro militarista que amenaza con resucitar los fantasmas del imperialismo japonés. Como ejemplo ponen el aumento del gasto en defensa, la flexibilización de las exportaciones de armamento y los planes para reformar la Constitución pacifista.

En Japón, no todos aplauden tampoco el proyecto de rearme. La semana pasada, miles de manifestantes se concentraron ante la Dieta (el Parlamento) para protestar contra la nueva política en defensa. Para sus seguidores, Takaichi está sacando a Japón de décadas de indecisión; para sus detractores, está debilitando la tradición pacifista de posguerra.

De regreso a la tienda de souvenirs de la primera ministra, la ironía se sirve en cajas de dulces. La caricatura de la líder conserva intacta su sonrisa. Fuera, la inflación, las tensiones con Pekín y las disputas de su propio partido no vienen envueltas para regalo.