España, ante el desafío de relanzar la Comunidad Iberoamericana

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Madrid será esta semana más latinoamericana que nunca. La capital no sólo lleva tiempo siendo lugar de acogida para miles de migrantes del continente, que hoy llenan sus calles con sus diversos acentos, también es el mejor altavoz para aquellos que se vieron obligados a huir de las viejas dictaduras y la puerta de entrada para llevar sus demandas a Bruselas. El propio ministro de Asuntos Exteriores español, José Manuel Albares, en el anuncio de la sede de la XXX Cumbre Iberoamericana, dijo que la ciudad será los días 4 y 5 de noviembrela capital de Iberoamérica. Esta cita internacional llega tras el fracaso del anterior encuentro en Cuenca (Ecuador), en un contexto de máxima incertidumbre e inestabilidad, con el multilateralismo en sus horas más bajas, EEUU expandiendo su ‘doctrina Donroe’ y el ‘Escudo de la Américas’, China e India penetrando en Latinoamérica, con una creciente ola de gobiernos de derecha, los regímenes de Venezuela, Cuba y Nicaragua todavía vigentes y con una Unión Europea enfretando múltiples desafíos. Así que el reto actual para España y la Comunidad Iberoamericana es mayúsculo.

Madrid busca récord de asistencia de jefes de Estado y de Gobierno en la Cumbre para seguir siendo un referente en la región y lograr relanzar al Sistema Iberoamericano. Se estima que alrededor de una quincena de jefes de Estado y de Gobierno asistirá a esta edición, lo que sería un éxito en comparación con lo ocurrido en Ecuador, en 2024. En aquella ocasión y, por primera vez en la historia, no hubo declaración conjunta aprobada por unanimidad, hubo conflictos y no estuvieron presentes México, Nicaragua y Venezuela porque habían roto relaciones con Quito por el asalto a la embajada mexicana en la capital ecuatoriana y la detención del correísta Jorge Glas. Daniel Noboa fue el único presidente latinoamericano presente. Junto a él estuvieron el Rey Felipe VI, el presidente de Portugal, Marcelo Rebelo de Sousa, y el presidente de Andorra, Xavier Espot. Es decir, sólo cuatro representantes de alto nivel y tres países ausentes. Fue un momento crítico para la Comunidad Iberoamericana, teniendo en cuenta que la integran 22 naciones (19 latinoamericanas y tres europeas) y porque siempre se intenta que no haya sillas vacías. Pese a todo, el actual Secretario General Iberoamericano, Andrés Allamand, es optimista y aseguró la semana pasada que habrá una asistencia “muy contundente”.

España, uno de los países impulsores del proyecto, ya fue anfitrión tres veces: Madrid 1992, Salamanca 2005 y Cádiz 2012. Ahora, coge la responsabilidad de nuevo. Para Carlos Malamud, investigador principal de América Latina del Real Instituto Elcano y catedrático emérito de Historia de América de la UNED, “España es una pieza clave del sistema, estuvo entre los fundadores del mismo junto con México básicamente y también Brasil, pero lo que está en cuestión sobre todo es el futuro del propio Sistema Iberoamericano en un momento en el cual el brillo que tenían las cumbres de cualquier tipo, no solamente la Iberoamericana, ha disminuido considerablemente”. “De lo que pase en Madrid va a depender bastante el futuro de las Cumbres Iberoamericanas”, explica a EL MUNDO.

Josep Borrell, presidente del CIBOD y ex alto representante de la UE para Asuntos Exteriores, y Domènec Ruiz Devesa, investigador ‘senior’ del CIBOD y ex eurodiputado, son rotundos en su artículo ‘Cómo convertir treinta años de cumbres en poder real’ para la revista ‘Política Exterior’: “Si la Cumbre de Cuenca fue la del abismo, la de Madrid puede ser la de la remontada”. Ambos consideran que Cuenca representó “el punto más bajo de la trayectoria del sistema”.

El multilateralismo

Más allá de la asistencia -que determinará el nivel de compromiso-, vivimos en un contexto de máxima incertidumbre e inestabilidad mundial, en el que las reglas de juego del orden internacional han cambiado por completo. Como sucede con Naciones Unidas, estas cumbres surgieron en el fin de la Guerra Fría, y ese mundo ya no existe. Y al igual que ocurre con la ONU, la apariencia puede ser que estas citas no sirven de nada. De aquí que en Madrid se vaya a apostar por una declaración pro multilateralismo. En opinión de Malamud, el fenómeno que ocurrió en Cuenca respecto a la congregación de mandatarios, no es muy distinto a lo que se observa en otras citas internacionales, poniendo como ejemplo lo que sucedió en Santa Marta en la última cumbre UE-Celac: apenas nueve jefes de Estado y de Gobierno de los 60 países convocados.

La XXX Cumbre no sólo pretende demostrar al mundo que el Sistema Iberoamericana sigue vivo, también busca aprobar iniciativas que den respuesta a problemas globales, una suerte de poder blando si sale adelante la declaración. Esas apuestas son una alianza digital iberoamericana (con el reto de la Inteligencia Artificial como telón de fondo), una red iberoamericana de reducción de riesgo de desastres (es decir, una mayor cooperación entre países para dar respuesta a terremotos como el del pasado verano en Colombia), una carta de compromiso con el sector que se dedica al cuidado de las personas mayores y los niños y el reconocimiento de estudios y títulos (lo que facilitaría la movilidad, como hizo el Erasmus en Europa).

Los mandatarios participantes en la XXIV Cumbre Iberoamericana de jefes de Estado y de Gobierno, en la ciudad mexicana de Veracruz, en 2014.

Los mandatarios participantes en la XXIV Cumbre Iberoamericana de jefes de Estado y de Gobierno, en la ciudad mexicana de Veracruz, en 2014.EFE

Diferentes ideologías

La singularidad, y de ahí la oportunidad, de la Cumbre radica en que engloba a voces muy dispares ideológicamente desde hace 35 años. Siempre se busca la unanimidad en las declaraciones y no se inmiscuyen en los asuntos de ningún país. En la actualidad, hay una oleada de gobiernos de derecha en la región y los mayores aliados de Pedro Sánchez son la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, y el reelecto Luiz Inácio Lula da Silva. De hecho, Sánchez fue anfitrión el pasado mes de abril de un encuentro que reunió a la izquierda global en Barcelona. Todo esto, encima, en plena campaña electoral española.

“Una de las características de las Cumbres Iberoamericanas que contrasta con otras es que no hay exclusiones de ningún tipo. Esto ha implicado tradicionalmente que estuvieran presentes mandatarios de signos contrarios, no es la primera vez que va a ocurrir algo así”, subraya a este diario Malamud, quien recuerda para ilustrarlo el papel protagonista que tuvo Fidel Castro en estas citas o el incidente del famoso “¿por qué no te callas?” (del Rey Juan Carlos a Hugo Chávez), el cual “quedó más como anécdota que como otra cosa”. Juan Carlos fue una pieza clave y hoy Felipe VI también lo es.

“Creo que en esta ocasión va a pasar algo similar”, apunta el investigador del Real Instituto Elcano, señalando en especial al argentino Javier Milei: “No hay nadie más enfrentado a Pedro Sánchez en la escena internacional que él, pero sin embargo otros mandatarios de derecha o de extrema derecha, como por ejemplo José Antonio Kast de Chile, van a estar presentes”.

Y, entre las voces dispares, están como siempre las tres dictaduras. El nicaragüense Daniel Ortega y el cubano Miguel Díaz-Canel no viajan a Madrid. En concreto, será el ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez, quien acudirá como jefe de delegación de la isla, informa Marina Pina.

La venezolana Delcy Rodríguez sí podría hacerlo. La asistencia o no de la presidenta interina de Venezuela acapara el máximo interés en un momento clave para la nación petrolera, cuando se acaba de conocer que lo más probable es que haya elecciones en 2027. “La presencia de Delcy Rodríguez en esta Cumbre conspiraría contra su propósito fundamental, que es trabajar unidos por la cooperación fructífera de los países que integran la Comunidad Iberoamericana”, expone a este diario el profesor y consultor político venezolano Miguel Ángel Martínez Meucci. “Esa cooperación no es posible sin mandatarios electos democráticamente, pero ni el pueblo de Venezuela, ni el de Cuba, ni el de Nicaragua cuentan con representación legítima en esta Cumbre”, continúa. “En el caso de Delcy, como de toda la cúpula chavista, se trata de usurpadores responsables de graves crímenes que los han hecho merecedores de sanciones de la Unión Europea. A esto hay que sumar el hecho de que la Cumbre se celebra en Madrid, origen del tristemente célebre ‘Delcygate’”, recuerda Meucci.

“Si asiste a la Cumbre, me parece que se corre el riesgo de que ella opaque la cita y se convierta, lamentablemente, en la noticia, en detrimento de todo lo demás”, concluye el experto venezolano.

Para que viaje, España debería esquivar con alguna fórmula las sanciones. Según adelantó este diario en octubre, el Ejecutivo tiene planeado acogerse al artículo 6 del capítulo II de la Decisión (PESC) 2017/2074 del Consejo, de 13 de noviembre de 2017, relativa a medidas restrictivas habida cuenta de la situación en Venezuela. Tampoco sería el primer viaje de Rodríguez a Europa, pues el mes pasado participó en Roma en el Foro Mundial de la FAO. Entonces pudo ir a Roma gracias a los tratados de sede -el organismo pertenece a Naciones Unidas y se aplica la misma excepcionalidad en la capital italiana que en Nueva York- y a la inmunidad diplomática.

Si Díaz-Canel hubiera asistido “supondría la presencia de un dictador que hace pasar hambre y reprime a su pueblo con el único propósito de mantenerse en el poder, junto al conglomerado político y militar que lo sostiene”, analiza para este periódico el director de ‘Diario de Cuba”, Pablo Díaz Espí. “Sería bueno que asistiera y que los representantes de las naciones democráticas le dijeran a la cara lo que los cubanos no pueden decirle libremente en su propio país. Pero sabemos que las cumbres, por su propia dinámica multilateral, no suelen propiciar este tipo de señalamientos”, apostillaba antes de que se supiera que no acudiría.

Oportunidad “histórica”

Como dice Allamand en un análisis en ‘Política Exterior’, la Cumbre es una oportunidad “histórica” para “convertirse en una Comunidad con voz propia, capaz de defender sus principios, aprovechar sus recursos, proyectar sus lenguas y decidir, con otros, pero no por otros, su lugar en el mundo”. Incluso habla de una “segunda alianza atlántica”. Y es que, en la actualidad, la integración entre diversos países con los mismos intereses en común, sobre todo con Donald Trump en la Casa Blanca, empieza a ser una dinámica habitual. Sirva como ejemplo el acercamiento del primer ministro canadiense, Mark Carney, a la UE.

En la actualidad, América Latina es un ‘pastel’ muy deseado. EEUU, China e India buscan intensificar su influencia en la región. La Administración Trump se expande con su ‘Doctrina Donroe’ -esa nueva versión de ‘América para los americanos’- y trabaja en una coalición para combatir el problema de la seguridad bajo el título del ‘Escudo de las Américas’. La presencia china ya es de sobra conocida en la zona, para ilustrarlo el último gran puerto peruano, el de Chancay, no lo construyó una empresa española, fue una china, y hasta el propio presidente Xi Jinping fue a inaugurarlo. India, junto a Turquía y Angola, serán observadores en la Cumbre Iberoamericana. Como subraya Allamand en su artículo ‘Una oportunidad histórica para la Comunidad Iberoamericana’, en la cabecera ‘Política Exterior’, el ministro de Exteriores indio dijo en 2024 que considera a “América Latina y el Caribe como un socio clave en el marco de cooperación sur-sur”.

Según Malamud, esa alianza de la Comunidad Iberoamericana no debe plantearse como alternativa al ‘Escudo de las Américas’ porque entonces fracasaría. “La relación entre España y América Latina y la relación de Europa con América Latina, que es la segunda derivada, deben estar al margen de la relación de Estados Unidos con América Latina o de China con América Latina y el enfrentamiento de estos dos países en América Latina. Debe reforzar la relación al margen de todo esto“, expone el investigador del Real Instituto Elcano.

Especial relevancia tiene que acudan a la Cumbre el secretario General de la ONU, António Guterres, y el presidente del Consejo Europeo, António Costa. Los pueblos latinoamericanos necesitan a España para ser escuchados en Bruselas mientras la UE lucha también por seguir siendo una voz unida.