
Estados Unidos retirará todas sus fuerzas militares de Irak antes del 30 de septiembre, según confirmaron funcionarios de ambos países. Con ello se pondrá fin a una presencia militar que se inició con la invasión de 2003 y que, en los últimos años, se había reducido principalmente a tareas de asesoramiento y apoyo en la lucha contra el Estado Islámico.
El anuncio se realizó tras un encuentro en la Casa Blanca entre el presidente estadounidense, Donald Trump, y el primer ministro iraquí, Ali al-Zaidi. Según las autoridades, la decisión responde a una evolución en la relación bilateral que hace innecesaria la permanencia de tropas en territorio iraquí.
Trump declaró que “no creemos que necesitemos el Ejército allí nunca más” y añadió que la cooperación entre ambos países ya es más amplia y puede mantenerse sin una presencia militar permanente, aunque aseguró que Estados Unidos seguirá dispuesto a ofrecer protección si fuera necesario.
Ali al-Zaidi, mediante un intérprete, confirmó el calendario acordado para la retirada: “Las fuerzas estadounidenses estarán fuera de Irak para el 30 de septiembre, mientras que las empresas estadounidenses estarán dentro de Irak”, señaló el primer ministro iraquí.
Poco después de la reunión, el Pentágono ratificó el compromiso alcanzado entre ambos gobiernos en 2024, durante la administración de Joe Biden, para poner fin a la misión militar estadounidense contra los combatientes del Estado Islámico. Desde ese acuerdo una parte significativa del contingente ya abandonó el país.
En los últimos años, Estados Unidos transfirió progresivamente a las fuerzas de seguridad iraquíes la responsabilidad principal del combate contra el Estado Islámico, brindando entrenamiento y asistencia. Paralelamente, las tropas estadounidenses fueron concentrando su presencia en un número reducido de bases y abandonando otras posiciones en el terreno.

La presencia militar estadounidense en Irak se inició en marzo de 2003, con una invasión dirigida a derrocar al régimen de Saddam Hussein. La ofensiva comenzó con una intensa campaña de bombardeos —conocida como “conmoción y pavor”— seguida por el avance de las fuerzas terrestres hacia Bagdad.
La intervención se justificó entonces con acusaciones de que el régimen iraquí poseía armas de destrucción masiva; sin embargo, esos arsenales nunca fueron hallados, lo que se convirtió en uno de los elementos más controvertidos de la guerra y en un factor que transformó el panorama político y de seguridad en la región.
En el punto más alto de la campaña contrainsurgente, en 2007, el despliegue estadounidense superó los 170.000 soldados. Posteriormente, la administración del presidente Barack Obama impulsó una reducción progresiva de las fuerzas desplegadas en Irak.
En diciembre de 2011 se retiraron los últimos soldados estadounidenses de combate del país. Tras esa retirada quedó un reducido contingente dedicado a tareas de asistencia y entrenamiento y un destacamento de marines encargado de la seguridad de la embajada estadounidense.
La situación cambió en 2014 con la expansión del Estado Islámico, que llegó a controlar amplias zonas de Irak y Siria. Ante ese avance, el Gobierno iraquí solicitó nuevamente el apoyo de Estados Unidos y de otros aliados para reconstruir y capacitar a las fuerzas de seguridad, que habían sufrido importantes derrotas frente al grupo yihadista.

Tras la pérdida del territorio ocupado por el Estado Islámico, las operaciones de la coalición internacional contra ese grupo concluyeron en 2021. A pesar de ello, Estados Unidos mantuvo en Irak aproximadamente 2.500 militares dedicados a la formación de las fuerzas iraquíes y a operaciones conjuntas frente a remanentes del extremismo.
(Con información de Associated Press)
